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Nuestra Aventura
Para esto, deberíamos llegar a Alao (un pueblo a dos horas de Riobamba) y emprender un viaje a pie ascendiendo la cordillera, para luego llegar al Oriente, donde se encuentra el volcán. El viaje hasta las faldas mismas del Sangay requiere de 7 días, a "muy buen paso", como dicen los guias de Alao, pero nosotros solo disponiamos de tres, así que nos propusimos llegar lo más lejos posible, para poder tener una mejor vista de él y poder conseguir las mejores fotos. El grupo que viajaría hasta el Sangay estaba compuesto de 11 personas: Antonio (El Avido), Evelyn, Paul (Charles Papa), Karina, Martha, Alfredo (baldemar), Fabiola, Thalía, Iván, Ricardo (El Master), y Edgar (El Tufo). Dia 0: Viernes Salimos el viernes 21 de Mayo pasadas las 10 de la noche, desde el Terminal Terrestre de Guayaquil. Allí nos reunimos 10 de las 11 personas que conformarían el equipo, en Riobamba se nos uniría Alfredo. Así tomamos el bus y comenzó la aventura!!. Dia 1: Sábado Luego de haber dormido poco más de una hora, (pues llegamos a Riobamba a eso de las cuatro de la mañana) nos encontrabamos de pie y vistiéndonos, pues había que apurarse porque el día resultaba corto para todo lo que teníamos que hacer. Entre las compras de las provisiones y preparativos de última hora nos dieron las 9 de la mañana. Así que partimos rumbo a Alao. Para ir a Alao desde Riobamba, hay que tomar el Bus que sale desde "el Terminal de Baños". Los horarios de salida de los buses son inciertos, puesto que el bus sale cuando hay suficientes pasajeros, si no, hay que esperar, y nosotros no podíamos esperar, así que decidimos rentar una camioneta. Encontramos una en un Mercado de Riobamba. Se encontraba haciendo un flete de un cargamento de cebolla, así que olimos cebolla las dos horas de viaje que se hacen desde Riobamba hasta nuestro destino. ALAO, UN PUEBLO AMABLE
Bueno, luego de llegar contactamos a quien sería nuestro guía: Ricardo, para esto ya eran como las 12 del mediodía, así que nos dijo que era preferible salir a la mañana siguiente porque a esta hora de seguro nos cogería la noche en medio camino, así que no nos quedo otro remedio que pasar el resto de la tarde y la noche en el pueblo. Es muy relajante pasear por las cercanías de Alao, en especial en las riveras del rio que lleva su nombre. Sus aguas cristalinas y habitadas de truchas y los paisajes con cascadas callendo de lo alto de las montañas hacen que uno se sienta como en un paraíso. En todo este trayecto nos acompañó Marquitos, un niño de 8 o nueve años, hijo de Ricardo (nuestro guía). Dia 2: Domingo Nos levantamos a eso de las 6 y media de la mañana, pero estuvimos saliendo a eso de las 8 y media. Ricardo y su hijo Marquitos, nos alquilaron dos mulas, realmente indispensables para el pesado trayecto que nos tocaría vivir. UN CAMINO DIFICIL
Así fue como llegamos a un sector en medio de la nada, un lugar sin nombre, una pequeña pampa donde pudimos al fin tomar un descanso y esperar al resto del grupo a que llegara. Al fin, cuando llegaron, malas noticias, dos companieros sufrieron del mal de altura acompañados por el agotamiento y ya no pudieron subir, el resto estaba extenuado, así que decidieron regresar hasta el pueblo. Aquí fue cuando se tomó la decisión, de las 11 personas solo subiriamos 4: Evelyn, Thalía, Martha y yo....Después de comer algo y tomarnos las últimas fotos del viaje con el resto de nuestros compañeros, nos despedimos, no sin antes quitarles su comida y agua, pues ellos ya no la iban a necesitar. Cargamos nuevamente las mulas, cogimos nuestras mochilas y partimos...A partir de allí todo fue un terreno a la vez páramo y a la vez pantano...El frío se acrecenta cada vez más a medida que uno sube y era muy común una pequenia garúa que se iba tan rápido como había venido. TRANCAPUNGO
Dia 3: Lunes Al día siguiente nos levantamos a las 6 y diez de la mañana, con las fuerzas renovadas y las ganas de seguir caminando, si hubieramos tenido un día extra, hubieramos llegado a Culebrillas, pero teníamos que volver. Ricardo y Yo nos trepamos a la colina más cercana para tomarle unas fotos al Sangay pero solo vimos niebla y más niebla. Estubimos allí cerca de media hora con la esperanza de que se despejara, pero eso nunca sucedió. La tristeza nos invadió, horas de caminata para ver al Sangay y el Sangay no se dejaba ver. Con mucha pena bajamos la colina para recoger las cosas, cargar las mulas y emprender el retorno. Despues de todo, no había por que estar apenados, la travesia había sido increíble, llena de anecdotas, experiencias y habíamos hecho amigos. Así que decidimos volver antes de que termine el año, cuando el clima esté mucho mejor. www.ecuatorianisimo.com Ecuador 1999 |